Stratum Wines
Sello parcelario de la familia Cerdán en los altos de la D.O.P. Jumilla. Stratum Wines embotella por separado las viñas viejas en pie franco de Fuente-Álamo, entre los 840 y los 980 metros, sobre estratos de caliza activa, arenas y arcillas. Microvinificaciones de producción mínima, fermentación espontánea y crianza larga en barro, hormigón y fudre para que cada parcela hable por sí sola.
Stratum Wines es el sello con el que la familia Cerdán embotella sus vinos de parcela en los altos de la D.O.P. Jumilla. El nombre alude a los estratos geológicos que se suceden bajo el viñedo de Fuente-Álamo (Albacete): caliza activa de un blanco casi cegador, arenas sueltas, arcillas verdosas y azuladas y cantos rotos del horizonte petrocálcico. Esa sucesión de capas, y no la variedad, es lo que da nombre y sentido al proyecto.
Nace como la evolución natural del trabajo de Bodega Cerrón, la casa familiar de cuarta generación desde la que Juanjo, Carlos y Lucía Cerdán recuperan viñedos históricos abandonados. Mientras la gama de Cerrón dibuja el estilo de la comarca en su conjunto, Stratum baja al detalle: cataloga el mosaico de más de ciento cincuenta pagos del municipio, selecciona los que tienen algo propio que contar y los vinifica por separado.
Las viñas se sitúan entre los 840 y los 980 metros de altitud, en la parte más alta y fría de la denominación. Son cepas viejas plantadas en pie franco, sin injertar, en secano y con orientaciones predominantemente norte. La altitud, la amplitud térmica y la capacidad de la caliza para retener la poca agua disponible retrasan la maduración y dan vinos de acidez y verticalidad poco habituales en Jumilla.
La Monastrell es la columna vertebral, pero el sello es también un ejercicio de recuperación varietal: la Airén de cepas viejas plantada por el bisabuelo, la Garnacha de plantaciones antiguas y variedades locales casi extinguidas como la Blanquilla, la Rojal o la Forcallat, muchas de ellas en las viejas plantaciones de campo mezclado. Se trabaja con viticultura ecológica certificada y prácticas biodinámicas, vendimia manual y rendimientos muy bajos.
En bodega no se corrige nada. Fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas, racimo entero cuando la parcela lo pide, tinajas de barro cocidas en horno de leña, hormigón y fudres de roble francés de 500 a 5.000 litros. Las crianzas se alargan (de veinte meses en adelante en los vinos mayores) siempre en recipientes grandes, para que la madera nunca se ponga por delante del suelo. Los vinos se embotellan sin clarificar, sin filtrar y con adiciones mínimas de sulfuroso.
La Servil, Los Yesares, La Calera del Escaramujo y El Cerrico son los nombres que sostienen el sello: parcelas concretas, algunas centenarias, otras rescatadas tras décadas de abandono, embotelladas en producciones que rara vez superan el millar de botellas. Son vinos escasos, de guarda, pensados para quien quiera entender que Jumilla tiene un techo mucho más alto del que se le suele reconocer.