Bodega Cerrón
Bodega Cerrón es un proyecto familiar de cuarta generación afincado en Fuente-Álamo (Albacete), en el extremo más alto, frío y remoto de la D.O.P. Jumilla. La bodega se levanta en el paraje de La Muela, por encima de los 1.000 metros, y desde ahí gestiona un mosaico de viñas repartidas entre los 850 y los 980 metros de altitud. Es una zona de transición entre monte y viñedo, de clima casi predesértico, con lluvias escasas, viento constante y una fuerte amplitud térmica.
La familia Cerdán lleva ligada a estas tierras desde finales del siglo XIX, cuando el bisabuelo cultivaba parcelas minúsculas en el paraje de La Calera. Los abuelos transmitieron la manera ancestral de fermentar la Monastrell y los padres, que heredaron las viñas, fueron pioneros del cultivo ecológico certificado en la comarca a principios de los años noventa. Hoy dirigen el proyecto tres hermanos, Juanjo, Carlos y Lucía Cerdán, formados y curtidos en otras zonas vitícolas antes de volver a casa.
El eje de su trabajo es preservar el patrimonio vegetal del pueblo. Han ido recuperando viñedos históricos abandonados (algunos de la propia familia, otros a punto de arrancarse) plantados en pie franco, y catalogando parcela a parcela un puzle de más de ciento cincuenta pagos distintos. Junto a la Monastrell, la variedad insignia, conviven rarezas locales casi desaparecidas como la Airén de cepas viejas, la Blanquilla, la Rojal o la Forcallat, además de plantaciones antiguas de Garnacha.
Los suelos son la razón de ser de la casa: caliza activa en estado puro, de un blanco luminoso, arenas sueltas, arcillas verdosas y azuladas y cantos rotos del estrato petrocálcico. Retienen la poca humedad que llega y, sumados a las orientaciones norte y a la altitud, retrasan la maduración y permiten una acidez y una frescura atípicas en Jumilla. De ahí salen tintos verticales, salinos y de perfil mucho más fino de lo que se espera de la denominación.
En el viñedo se trabaja en secano, con vendimia manual, rendimientos cortos, certificación ecológica y prácticas biodinámicas en buena parte de las parcelas. En la bodega la intervención es mínima: fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas, uso de racimo entero, tinajas de barro cocidas en horno de leña, hormigón que imita los antiguos lagares y fudres de roble francés de 500 a 5.000 litros, para que la madera no tape el terreno. Se embotella sin clarificar ni filtrar y con adiciones mínimas de sulfuroso.
La gama se ordena por escalas de precisión: Remordimiento, El Tiempo que nos une y El Sentido de la Vida son la puerta de entrada al estilo de la casa, con crianzas cortas en barro y madera grande. Por encima, la familia firma sus vinos de parcela bajo el sello Stratum Wines (La Servil, Los Yesares, La Calera del Escaramujo o El Cerrico), un homenaje a los estratos geológicos que dan sentido a cada viña. Producciones muy cortas, de apenas unos miles de botellas por vino, y una idea clara: que la botella cuente el terreno del que sale.