Meridiano Perdido

Meridiano Perdido

Meridiano Perdido es el proyecto personal del enólogo gaditano Joaquín Gómez Beser y sus hermanos, nacido en 2019 para recuperar los vinos de pasto del Marco de Jerez: blancos tranquilos de uva palomino, sin encabezar, de viñedo ecológico sobre albariza en los pagos de Cerro Pelado y Añina. Vinos salinos, sápidos y luminosos que cuentan la historia, el paisaje y la luz de Cádiz.

Más sobre Meridiano Perdido

Meridiano Perdido nace en 2019 como el proyecto personal del enólogo gaditano Joaquín Gómez Beser, que lo pone en marcha junto a sus hermanos. Es fruto de la unión de sus dos grandes pasiones, la viña y el mar, con un propósito claro: elaborar grandes vinos blancos en el Marco de Jerez que transmitan la luz de Cádiz, la energía del Atlántico, la fuerza de las albarizas y la sutileza de la uva palomino.

El corazón del proyecto es la recuperación de los vinos de pasto, la denominación que se ha utilizado tradicionalmente en Jerez para distinguir los vinos tranquilos, sin encabezar, de los vinos generosos. Eran los vinos que bebía a diario la gente del campo, blancos jóvenes que podían tener algo de crianza. Reivindicarlos hoy es poner el foco en el cuidado de la viña, dignificar el trabajo del viticultor y hablar de los distintos suelos y pagos que conforman el Marco, porque el vino de Jerez no es solo hijo de la crianza en bodega: también lo es de cepas viejas, de albarizas milenarias y de un clima único.

Los vinos proceden de dos pagos históricos. En el Pago Cerro Pelado se encuentra la viña La Mendoza, plantada en 1965, con orientación noroeste y vistas al Coto de Doñana, sobre albarizas de barajuela y tosca cerrada que aportan estructura, sapidez y frescura cítrica. En el Pago Añina está la viña La Trinidad. Ambas se trabajan en viticultura ecológica, con labores tradicionales de azadón y vendimia manual nocturna para preservar la frescura de la uva, que después se prensa en prensa vertical.

De la interpretación de estos pagos salen vinos distintos entre sí pero unidos por un mismo hilo salino y sápido: Meridiano Perdido, fermentado en botas de roble francés y criado sobre sus lías con un mínimo velo de flor; Sobremar, elaborado en depósito inerte para mostrar la fruta y la sal de la albariza sin interferencias; y Portulano, una edición muy limitada de viñas viejas criada en botas de Jerez, la máxima expresión del vino de pasto de la casa.

El nombre rinde homenaje al Meridiano de Cádiz, la gran referencia de la flota española durante los siglos XVIII y XIX: en 1717 se instaló en la ciudad la Casa de la Contratación de Indias y en 1753 el Observatorio Astronómico de la Marina, y el meridiano gaditano fue adoptado también por navegantes de otras naciones. Tras la Conferencia Internacional de Washington, que propuso Greenwich como meridiano universal, España acabó adoptándolo a comienzos del siglo XX, y el Meridiano Cero de Cádiz se convirtió en un meridiano perdido. Al trazar su antigua línea tierra adentro, la bodega descubrió que atravesaba exactamente las viñas de las que nace su vino.

La etiqueta de Meridiano Perdido, obra de la pintora jerezana Rocío Cano, se inspira en una carta náutica de la Bahía de Cádiz, con una línea roja que marca el punto exacto por donde pasaba el Meridiano Cero. Es la mejor síntesis de un proyecto que canaliza a través de sus vinos la luz única de la tierra gaditana. Más información en su web oficial.