Barrialto Viñas & Vinos
Barrialto Viñas & Vinos es el proyecto personal de Rafael Rodríguez, mayeto de Sanlúcar de Barrameda y heredero de tres generaciones de viticultores; su abuelo fue almacenista. Arquitecto de formación, empezó a trabajar en el vino en 2009, en 2016 se unió a Mayetería Sanluqueña, el colectivo de pequeños viticultores que reivindica la palomino de viña vieja, y en 2019 puso en marcha su propia bodega en una antigua taberna del Barrio Alto de Sanlúcar, el barrio que da nombre al proyecto.
La filosofía de Barrialto pasa por recuperar los vinos de pasto: blancos de palomino sin encabezar, de graduación natural baja, como los que se bebían a diario en el Marco de Jerez antes de que el vino fortificado lo ocupara todo. Para lograrlo, Rafael conserva viñas viejas de palomino de bajo rendimiento, mantiene la poda en vaso que la viticultura moderna de la zona ha ido abandonando, trabaja en ecológico y vendimia siempre a mano.
El eje de todo es la albariza, el suelo blanco y calizo de la campiña de Jerez y Sanlúcar, y sobre todo sus matices. La tosca cerrada, dura y compacta, con alrededor de un 60% de carbonato cálcico, da vinos finos, sedosos, equilibrados y elegantes. La albariza de barajuela, laminada y rica en diatomeas, obliga a las raíces a profundizar y aporta concentración, mineralidad seca y un fondo salino y herbáceo. Por eso cada viña se vinifica por separado: para que esa diferencia llegue intacta a la copa.
Las viñas se reparten entre dos pagos históricos de Sanlúcar. En el pago Balbaína está La Palma, unas tres hectáreas de palomino de unos sesenta años sobre tosca cerrada, de donde sale Aranzá, que toma su nombre de la medida agraria tradicional de la zona, equivalente a media hectárea. En el pago Maína, la albariza ofrece otros registros y da origen a vinos como Santa Brígida y Azacanes.
En bodega la intervención es mínima: fermentaciones espontáneas con las levaduras del propio viñedo y sin control de temperatura, en botas que han criado manzanilla, crianzas sobre lías, sulfuroso solo el imprescindible y embotellado sin clarificar. La gama se completa con elaboraciones más personales, como un palomino macerado con sus pieles que explora la cara más textural de la variedad.
Las producciones son muy cortas, a menudo de apenas unos cientos de botellas por vino. Barrialto forma parte de la nueva generación que está devolviendo a la palomino de Sanlúcar su condición de vino de terruño: blancos salinos, frescos y de baja graduación que hablan, ante todo, de la albariza de la que proceden.