Cómo se hace el vino rosado.

Los vinos rosados están de moda, eso es indudable. Aunque actualmente podemos encontrar una gran variedad de rosados en el mercado para consumir en cualquier época del año, disfrutarlos en primavera y verano es toda una tradición y el momento preferido de la mayoría. Al ser vinos muy frescos y ligeros, son la opción perfecta para los meses más calurosos. Además, su amplia gama de perfiles de sabor nos permite disfrutarlos junto con todo tipo de alimentos. ¿Queréis conocerlos un poco más?

Sobre su origen hay diversas teorías, ya que se cree que fue el primer vino de la historia. Aunque actualmente muchos países elaboran rosados de gran calidad, hasta donde sabemos su origen se produjo en la región francesa de Provenza, siendo a día de hoy el principal país productor y distribuidor del mundo. En España los más conocidos proceden de las regiones de Cigales y Navarra, y suelen ser muy estructurados y de color intenso, mientras que los franceses presentan tonalidades más pálidas.

Si nos fijamos en su proceso de elaboración son, por así decirlo, una maravillosa mezcla entre blanco y tinto. No solo por su característico color, sino porque los rosados se pueden obtener mezclando uvas tintas y blancas o usando exclusivamente variedades tintas, y por ello se pueden definir como “vinos tintos con poca maceración”. Y aunque todos sabemos que estos vinos son de color rosa, la tonalidad puede variar dependiendo del tiempo en el que estén en contacto jugo y piel y del proceso elegido para su elaboración: maceración, que suele durar entre dos y veinticuatro horas; vin gris, en el que se prensan las uvas tintas de manera inmediata; y el método saignée (en español, sangrado), que consiste en quitar parte del jugo del mosto para concentrar más profundamente los fenólicos y dar más color y sabor a los vinos. 

Y, por otro lado, podemos encontrar el vino clarete, que técnicamente ni es blanco, ni es tinto, ni tampoco rosado. La peculiaridad de este tipo de vino es que se elabora como un tinto, dejando macerar el mosto con las pieles, aunque durante muy poco tiempo, y siguen un proceso de crianza que puede ser en madera o no. Su principal diferencia con respecto al rosado es que el clarete no se elabora únicamente con uvas tintas, sino a partir de una mezcla de uvas tintas y blancas y desde el primer momento, en la tina de maceración, y no mezclando vinos ya elaborados. 

El proceso de elaboración de los vinos rosados suele ser de los más complejos por varias razones: primero de todo, la elección correcta de las variedades de uva que se utilizarán en su elaboración es algo fundamental por sus proporciones y grado de madurez; después, su elaboración exige sacar de la uva, en un lapso de tiempo concreto, un mínimo de color y un máximo de aromas; y, por último, su fugacidad en cuanto a tiempo de conservación, al estar elaborados a partir de variedades más frágiles, que aportan aromas y sabores afrutados a estos vinos, pero que son más difíciles de mantener en el tiempo. 

Un último consejo: consúmelo a una temperatura entre 7 y 8 grados. ¡Y no te olvides de disfrutarlo desde el primer hasta el último sorbo!

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