Pepe Rodríguez de Vera.

Con seis proyectos repartidos por toda la geografía española, y descendiendo de una familia dedicada a la viticultura desde hace siete generaciones, no es de extrañar que Pepe Rodríguez de Vera se haya convertido en uno de los actores que están revolucionando la industria del vino en nuestro país. Tras estudiar la carrera de Farmacia, Pepe halló los conocimientos de química y botánica necesarios para comenzar a elaborar sus primeros vinos en el garaje de su padre. Y a partir de ahí, no dejó de formarse, primero en Madrid y después en Londres, hasta estar cada vez más cerca de obtener el título de Master of Wine. 

La búsqueda de viñedos singulares con los que elaborar vinos que conserven el alma de la viña, la defensa de una elaboración sostenible sin aportar productos químicos, y su aportación personal a cada parte del proceso, unida a su afán por seguir aprendiendo y experimentando, son solo algunos de los pilares que sostienen su filosofía de trabajo.

Una forma diferente de entender la viticultura.

Pepe Rodríguez de Vera encarna una manera muy singular de interpretar la viticultura, marcada por la curiosidad permanente y una vocación incansable por ampliar sus conocimientos. Su forma de entender el vino se basa en tres pilares: la búsqueda de viñedos singulares, una elaboración sostenible, y su interpretación personal. Para él, un vino debe estar bien elaborado, tener alma, expresar el lugar del que procede y evitar cualquier intervención artificial que distorsione esa autenticidad.

Esa particular forma de entender la viticultura trasciende a la forma de elaborar, poniendo en cuestión el modelo tradicional de bodega vinculadas a una zona concreta. Pepe impulsa a día de hoy seis proyectos bodegueros repartidos por la geografía española, todos ellos con algo especial. El origen de cada nueva aventura responde siempre a una motivación que combina pasión por aprender y deseo de explorar territorios distintos. Busca parcelas olvidadas, viñas antiquísimas que en muchos casos están abandonadas o han sido maltratadas, y en las que percibe un potencial extraordinario. Su misión es recuperarlas y ponerlas en valor, dándoles por fin el protagonismo que nunca tuvieron. Cada proyecto nace de una viña que le “dice algo”, de la singularidad de un suelo, de una variedad autóctona o de un territorio que merece una lectura propia. Y aunque sus vinos comparten filosofía, cada uno tiene su propósito y su perfil propio marcado por la zona, el viñedo, las variedades y el aporte de la interpretación personal de Pepe. Su estilo ideal se inclina hacia vinos ligeros, con buena acidez y con alma, de una pureza aromática que surja de manera natural, fruto de la mínima intervención en bodega.

Una semana de trabajo en su vida es, como él dice, “caótica”. El hecho de que sus proyectos tengan viñedos repartidos por todo el panorama nacional, lo obliga a pasar mucho tiempo viajando para trabajar codo con codo con sus socios y formar parte del proceso en la medida de lo posible. Confía en el criterio de sus socios en cada proyecto, pero para poder estar más encima y garantizar la calidad de cada añada, Pepe centraliza el proceso de elaboración y crianza de todos los vinos en Albacete. Actualmente, sus bodegas tienen una gran proyección internacional, exportando más del setenta por ciento de su producción a otros países, aunque reconoce que le gustaría tener mayor presencia en España en el corto plazo.

Cada proyecto, una historia única.

La andadura de Pepe Rodríguez de Vera en el mundo del vino inicia con Dominio de Casalta en el año 2010, en una propiedad familiar en la que comenzó sus primeros experimentos. Casalta es un paraje único dentro de la zona de Almansa, una pequeña denominación de origen formada únicamente por 12 bodegas, que se caracteriza por su clima continental con influencias mediterráneas, su altitud por encima de los 1.000 metros y su amplia variedad de suelos. Rodeado de encinas centenarias y con viñedos cultivados en ecológico de hasta 60 años, el objetivo de este proyecto es la representación de un terruño singular y completamente diferente a lo que lo rodea, con un mosaico de variedades, suelos y exposiciones, interpretado con la visión de crear algo innovador. De aquí nacen hasta 12 vinos con una marcada identidad, elaborados principalmente con la garnacha tintorera como variedad más habitual de la zona, y con otras variedades más internacionales como la Pinot Noir o la Petit Verdot.

Después de arrancar su primer proyecto en Almansa, Pepe llega a la Sierra de Gredos con Atalaque. Su afán por encontrar nuevos parajes en los que elaborar vinos singulares lo llevó a descubrir los viñedos de Santi Peña, un viticultor de la zona. Fue entonces cuando se enamoró de unas parcelas que su familia había cultivado desde hacía varias generaciones en las zonas de Fuensalida y Méntrida. Hoy, gestionan juntos unas viñas de hasta 120 años de edad que fueron salvadas de ser arrancadas, y que han demostrado una calidad excepcional desde la primera añada. Atalaque es un proyecto de vinos de parcela, con garnachas de entre 70 y 120 años, Moscatel de grano menudo y Albillo Real. Sus elaboraciones se basan en el más puro estilo Borgoña, dando lugar a vinos ligeros, elegantes y sutiles, aunque tratando de plasmar al máximo la identidad de la zona.

Lejos de estar satisfecho con dos proyectos en marcha, se embarca en una nueva aventura en la Comunidad Valenciana, con el objetivo de recuperar variedades autóctonas y viñedos emblemáticos que se estaban perdiendo. Nace así, Sopla Levante, en colaboración con sus socios Hilarión Pedauyé, Alberto Soriano y Álvaro Ruiz, y uno de los más emocionantes para Pepe. El reto aquí es llevar a la máxima expresión la simplicidad de variedades autóctonas minoritarias y de un terruño muy singular, bajo la filosofía de la mínima intervención y una viticultura tradicional. El punto de partida es el Parque Natural de la Mata, en Alicante. Un paraje único situado a pie de playa y donde se da un clima muy extremo, con pocas lluvias, y suelos arenosos próximos a las salinas de Torrevieja. Desde aquí, fueron expandiéndose poco a poco a otras localizaciones, gestionando pequeños viñedos de manera independiente mediante microvinificaciones de diferentes parcelas y variedades, muchas de ellas aún por identificar. Y así, elaboran hasta 9 vinos únicos de manera natural, evitando maquillajes innecesarios para que se muestren tal y como son, y expresando fielmente el carácter de su clima, de sus suelos y de las variedades. Según Pepe, a veces resulta casi un milagro poder cultivar uvas en parajes de entornos tan singulares, pero es justo lo que persigue con este proyecto.

En paralelo al anterior proyecto, su pasión por los vinos generosos del marco de Jerez y de Montilla-Moriles le llevó a asociarse con su amigo Carlos Jiménez López-Quecuty y crear así Sopla Poniente. El homólogo a Sopla Levante en la costa atlántica gaditana y la campiña cordobesa. En este proyecto se definen como “negociants del sur”, porque van buscando bota a bota de diferentes bodegas hasta descubrir joyas ocultas de sacas muy limitadas que no son habituales de comercializar y puedan mostrar al mundo. Tras de ese trabajo de recuperación de soleras antiquísimas, el objetivo se centra en ensamblar vinos que sólo ellos han sido capaces de soñar, y en mantener vivas las soleras. Esto implica una producción muy limitada, pues solo se permiten sacar las fracciones justas de cada saca, que luego refrescan en el momento oportuno y con el vino adecuado para que se puedan continuar en el tiempo manteniendo la misma esencia. Además, desde 2021 han puesto en marcha vinificaciones tranquilas de Pedro Ximénez con diferentes estilos poco habituales hasta ahora en Montilla-Moriles como: vinos naranjas, espumosos ancestrales y algunos vinos experimentales.

Su enésimo proyecto inicia con una comida familiar cuando uno de sus tíos le contó que su tatarabuela había plantado unas viñas en Nava de la Asunción que estaban abandonadas, dando origen en 2022 a Viñadores de Castilla. Comienza así un movimiento de recuperación y puesta en valor del patrimonio vitivinícola en Castilla y León, salvando todos aquellos viñedos antiquísimos, maltratados o abandonados durante años, en los que Pepe ve un enorme potencial, y que actualmente abarca las zonas de Rueda, Toro y Ribera del Duero. Una vez más, el viñedo aquí es el protagonista, y por ello emplea técnicas de mínima intervención en vinificaciones antiguas como el vino dorado y el palo de madrigal, que trata de reinterpretar con una visión más moderna que le permita conseguir grandes vinos.

En su última aventura, Pepe viaja al norte de España para crear el que es su proyecto más reciente, Viñadores del Norte. Comenzando su labor en la Rioja Alavesa junto a Alfonso Ezquerro, su socio en este proyecto y gran conocedor de la zona, se propone volver a situar en el mapa viñedos históricos olvidados que merecen ser puestos en valor. Recientemente, han sacado al mercado su primera añada de unos viñedos centenarios en la localidad de Lanciego, un punto de partida con el que pretenden expandir su filosofía por el norte y restaurar viñedos que han sufrido el maltrato de la explotación masiva en esta región.

Matacán, la joya de la corona.

Matacán es una elaboración única en la que Pepe pone todas sus expectativas de hacer algo grande. Nace de una barrica seleccionada como la mejor entre todos sus proyectos, y solo ve la luz en aquellas añadas excelentes, capaces de alumbrar un vino verdaderamente sobresaliente. Esa barrica, destinada a la excelencia, recibe un trato especial, meticuloso y exigente, dando lugar al vino más extraordinario de la casa. Una rareza de una singularidad excepcional con una producción limitadísima de únicamente una barrica.

Nutriéndose de la diversidad de sus proyectos, Matacán puede variar cada año en variedades, estilos o zonas de producción. Representa la esencia de Pepe como elaborador, su meticulosidad y su vocación por la excelencia, y condensa su manera de entender la viticultura en su estado más puro.

Expectativas para el futuro.

Actualmente, Pepe sigue estudiando por tres razones: continuar aprendiendo, darle más credibilidad a sus vinos, y hacer networking. Tras 15 intensos años de trayectoria en la elaboración de vinos, se encuentra en un punto de maduración personal y profesional, con muchos proyectos abiertos, todos avanzando a buen ritmo, y un deseo claro de perfeccionarlos antes de expandirse más. Explora nuevas regiones, nuevas variedades y nuevos suelos, y aunque el futuro promete caminos apasionantes, prefiere mantener esa ventana abierta sin concretar demasiado. Ahora, su objetivo es consolidar, profundizar y seguir aprendiendo, como siempre, para que cada proyecto alcance la versión más depurada de sí mismo.

En sus propias palabras, ‘el vino tiene que estar en constante perfección porque es un producto imperfecto’. Por lo tanto, damos por hecho que este joven aspirante a Master of Wine seguirá formándose y sacándole el mayor partido a esos viñedos singulares olvidados, consolidando cada vez más su excelente labor en el mundo de la viticultura.

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